Acabas de quebrar a tu hijo. Enhorabuena.

Young Child Looking Sad

Papás. Dejen de quebrar a sus hijos Por favor.

Siento la necesidad de escribir esta entrada después de lo que he visto hoy en Costco. Perdón por volver a escribir una entrada desde la desesperación y la ira. Les pido que por favor lean hasta el final. Sé que es muy largo, pero esto es algo que hace falta que la gente diga. Es algo que hace falta que la gente oiga. Es algo que hace falta  que la gente comparta.

Mientras Noah y yo esperábamos en la fila para una devolución, vi como un niño pequeño (de no más de seis años) miraba a su padre y le preguntaba muy tímidamente si podían comprar helado cuando terminaran. El padre lo miró con furia y gruñó entre dientes que «lo dejara en paz y se estuviera callado». El niño se retiró hacia la pared asustado y allí se quedó un rato, quieto y herido.

La fila fue avanzando y el niño finalmente arrastró los pies hasta su padre, tarareando muy bajito una melodía infantil. Parecía haberse olvidado del enfado que acababa de mostrar su padre. Una vez más, el padre se giró y lo reprendió por hacer demasiado ruido. El niño volvió a encogerse y se retiró contra la pared, lánguido.

Yo estaba muy agitado. Estaba confuso. ¿Por qué ese hombre no veía lo que yo estaba viendo? ¿Por qué ese hombre no veía al precioso espíritu que había pegado a sus talones? ¿Por qué ese hombre apagaba sin vacilación toda la felicidad de su propio niño? ¿Por qué no apreciaba la única época que tenía para serlo todo para su hijo? ¿Para ser la persona que más le importa a su niño?

Estábamos a tres personas del principio de la fila, y el niño volvió a acercarse hacia su padre. El padre se salió de la fila inmediatamente, le clavó los dedos en las clavículas hasta que hizo una mueca de dolor, y lo amenazó. —Si vuelves a hacer el más mínimo ruido o te separas de esa pared, te prometo que te vas a llevar una buena cuando lleguemos a casa. El niño volvió a achicarse junto a la pared. Esta vez, no se movió de allí. No hizo ruido alguno. Su bonito rostro miraba hacia abajo, fijado en el suelo, sin expresión alguna. Estaba roto. Y así lo había querido su padre. No quería tener que ocuparse de él, así que romperlo era lo más fácil.

Y aún nos preguntamos por qué muchos de nuestros hijos están mal de la cabeza cuando se hacen mayores.

Voy a ser muy franco. La gente ve mi relación con Noah y muchas veces me pone en un pedestal, o me alaba por quererlo más de lo que la mayoría de los padres quiere sus propios hijos.

Maldita sea. Eso no lo puedo entender, y nunca lo entenderé. El querer a mi hijo, el contacto físico con mi hijo, jugar con mi hijo, pasar tiempo con mi hijo… no son tareas que solo puedan hacer los súper papás. Son tareas que todos los padres tendrían que hacer. Siempre. Sin falta. Yo no tengo nada de especial. Soy un padre que ama a su hijo y que haría literalmente cualquier cosa por su bienestar, su seguridad y su salud. Preferiría que me golpearan en la cara con un rastrillo o un martillo mecánico antes que rebajar a mi hijo o hacer que se sienta insignificante.

(Suspiro). Estoy lejos de ser un padre perfecto. Siempre lo estaré. Pero soy un padre estupendo, y mi hijo siempre  se sentirá más grande que cualquier problema que se encuentre en la vida. ¿Por qué? Porque yo soy consciente. Entiendo el poder que un padre tiene en la vida de su hijo, y en la capacidad de creer en sí mismo de su hijo. Entiendo que mi hijo va a absorber todo lo que yo haga y le diga, para bien o para mal. Lo que no entiendo es por qué algunos padres no lo entienden…

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