Contemplando Una Almohada Vacía

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Cuatro millones quinientas treinta y siete mil quinientas ocho.

Es el número de personas que ha visitado mi blog en las últimas 24 horas.

Ayer fueron unas pocas menos.

Hoy he recibido más de trescientos emails. Casi todos ellos eran de alguien que me decía lo importante que somos mi blog o yo para ellos. Me decían lo maravilloso que creen que soy. Me decían que saben que soy una persona increíble.

En el mismo período de tiempo se dejaron dos mil comentarios nuevos en entradas de mi blog. Muchas de esas personas decían exactamente lo mismo.

Hay muchas personas que me quieren.

Muchas.

Pero, al mismo tiempo, no hay quien me quiera.

Hace tiempo que el día ha finalizado. Mentalmente agotado, drenado de toda energía, casi en el límite de mi aguante emocional, me hago un ovillo en la cama, me arropo con las sábanas, y veo que estoy vigilando con sosiego la almohada vacía que descansa junto a la mía a la luz de la luna. Preguntándome. Cómo puedo recibir tanto amor.

Y estar tan solo.

Si contemplo la almohada durante el tiempo suficiente, a lo mejor me despierto de este sueño y ella estará ahí.

El amor de mi vida.

Mi confidente.

La única persona capaz de decirme lo que necesito oír.

Seguro que existe. Seguro que soy digno de esa bendición. Seguro que este atisbo no puede ser mi realidad. No puede ser real.

Pero ella no aparece. Y al final, incluso la luz de la luna comienza a abandonarme.

Justo antes de perderme en la oscuridad, pienso en Big Al Jones. Einstein. El propio Honest John. Y en las palabras que dijo y que tantas veces resuenan en mi cabeza.

«Es raro que te conozcan a nivel mundial y al mismo tiempo te sientas tan solo.»

Cuatro millones quinientas treinta y siete mil quinientas ocho.

Hay muchas personas a las que les encanta mi trabajo. Hay muchas personas que me quieren.

Muchas.

Pero, al mismo tiempo, no hay ninguna que me conozca.

«Nosotros te conocemos», dice la gente. «Eres una persona increíble», dice la gente.

«Eres una persona horrible», dicen otros.

Hay muchas otras personas que me dicen quién soy exactamente. Quién saben que soy.

Pero nadie me conoce.

Nadie.

La almohada vacía que hay junto a la mía me provoca con esta revelación no deseada.

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