¿Es tu vida o la suya?

woman-beautiful-turquoise-wall—Quiero salir de mi matrimonio, —me decía hace poco un amigo. —Pero no puedo. Nadie me deja. Me siento muy culpable solo con pensarlo. No respondí nada. He aprendido que a veces es mejor dejar que la gente siga hablando. —Llevo queriendo dejarlo desde el principio. Sabíamos que no funcionaba cuando nos casamos y desde entonces nunca ha funcionado, por mucho que ambos lo intentemos y por mucho que ambos nos entreguemos. El mundo entero piensa que somos un matrimonio perfecto, y no lo somos.

Yo sabía exactamente cómo se sentía.

Pero entonces dijo algo que todavía me resuena en la cabeza. —¿Por qué no puedo decidir yo lo que hago con mi vida?

—Es imposible, —me dijo un día otra amiga, como si nada. —Mi papá y mi mamá nunca me lo perdonarían. Mi hermano se volvería loco. Me odiarían todos. Estaba hablando de que querría salirse de su iglesia en busca de una verdad que, en su fuero interno, sentía que se encontraba en otro lugar.

Otra persona de la que soy amigo me confesó que lleva una vida secreta. Una vida secreta en la que es realmente feliz. Una vida que oculta a todas las personas a las que quiere,  porque las personas que la quieren jamás la aceptarían si lo supieran.

—Odio este trabajo. No soporto venir a trabajar todos los días. Ojalá pudiera empezar de cero y elegir un camino diferente. —se lamentó una vez un colega durante una comida de negocios. —¿Cómo he llegado a parar aquí?

—Me casé a los 19 años, —dijo en una ocasión otro amigo. —era un crío. ¿Por qué voy a tener que quedarme atrapado en una vida que no quiero por una decisión que tomé una vez, cuando era tan joven e inocente? No sabía nada del mundo; no sabía realmente lo que quería. Y ahora estoy atrapado. Y estoy casado con alguien que se siente igual.

Podría seguir durante  páginas y páginas. Pero ya se hacen una idea.

A lo largo de los últimos dos años, he aprendido que hay muchas personas infelices en el mundo que se sienten totalmente atrapadas en su situación actual. Se sienten atrapadas por la culpa que procede de las personas que los rodean. Se sienten encadenados por las expectativas de los demás. Se sienten insignificantes cuando todas las personas «perfectas» de su entorno les dicen cómo debe ser la vida exactamente, cómo deben pensar, y cómo deben comportarse.

Y la mayor parte nosotros ni siquiera lo sabe.

La mayor parte de nosotros no ve lo que siente realmente la gente que nos rodea. Quiénes son realmente. Quiénes anhelan ser realmente.

Muchos de nosotros nos hemos convertido en maestros del disfraz. Hemos aprendido a fingir que creemos, actuamos, y somos todo aquello de lo que dudamos, que no nos gusta, o incluso que desdeñamos. Y lo hacemos por dos motivos.

Lo hacemos para evitar que nos juzguen. Lo hacemos para conservar el apoyo de los demás. Toda la raza humana ha evolucionado en función de esa deficiencia.

Yo dejé mi iglesia hace un par de años. Una iglesia en la que me había tocado nacer, y, para ser sincero, una a la que había visto hacer mucho bien en el mundo. Después de eso me divorcié de una mujer muy hermosa. Unos meses después, abandoné la carrera profesional que lleva más de seis años construyendo. Era una carrera lucrativa y de éxito.

Los siguientes 18 meses o así fueron muy difíciles. La espiritualidad era difícil, porque estaba experimentando para buscar aquello en lo que realmente creía. El amor era imposible, porque pronto aprendí que el amor es mucho más que una cara bonita. El dinero era inexistente, porque me costó aprender a obtener de mi nueva andanza en la escritura algún tipo de nómina.

Y para comprender por qué to mereció tanto la pena, puede que deba rebobinar un poco más y dar una imagen de lo que me llevo a aquellos momentos.

Nací en una familia SUD. Y no una familia SUD «cualquiera». Un familia extremadamente fiel de la iglesia SUD. No quedaba ninguna duda de cómo teníamos que vivir. Se nos había indicado punto por punto. Si no vivíamos así, teníamos que pagar por ello. Mis padres también nacieron en familias extremadamente SUD. Y estoy bastante seguro de que los padres de mis padres también. Así que en esta familia (nuclear y parientes lejanos), se hace así, y punto. Nadie hace preguntas. Al menos, no en voz alta.

Cuando me volví a casar, fue con una mujer increíblemente guapa. Cuando eres de SUD, el sexo prematrimonial es un gran NO. Y solo les diré esto: cuando no se te permite tener relaciones sexuales antes de casarte, es fascinante con qué rapidez no solo te enamoras de una persona, sino que estás convencido de que tienes que pasar el resto de tu vida con ella. El deseo que sientes por la otra persona se vuelve tan intenso, que estás seguro de haber encontrado a tu alma gemela.

Y así ocurrió con nosotros, y nos casamos. Y por fin pudimos… ya saben. Y una vez que nos hubimos librado de eso, de pronto nos vimos el uno al otro sin un muro de hormonas que llenase de color nuestra percepción del otro. Y lo que vimos no fue lo que habíamos esperado.

En cuanto a mi trabajo… por mucho que me estuvieran pagando, lo odiaba. Me había encantado mi carrera hasta ese punto, pero antes mi trabajo había sido en puestos de administración más prácticos, coordinando y contratando a equipos, trabajando con otras personas todos los días… era muy divertido. Soy una persona sociable. Pero mi nuevo trabajo me tenía sentado solo en la oficina todo el día, cada día, trabajando por diez personas.

No lo disfrutaba. Y entonces iba a casa, con una esposa que no me gustaba y a la que yo tampoco le gustaba. Y fingía ser un miembro fuerte de una religión en la que nadie sabía que yo no creía.

Porque, ¿saben? Donde yo vivía, la gente ganaba bastante dinero, y nadie tenía dificultades económicas, nunca. Donde yo vivía, la gente no se divorcia. Por algún motivo. Donde yo vivía, la gente no se sale de su religión. Ni siquiera la cuestionan.

Porque, cuando lo hacen, es un suicidio social. Empiezan los rumores. Llega una invasión de murmullos.

Era mi barrio. Mis amigos. Mi familia. Y ninguno se daba cuenta, si quiera. O, al menos, no hablaban de ello. Yo participé tanto en ello como los demás.

Pero llegó un momento en el que no podía respirar. Un día, ocurrió algo que desencadenó una serie de emociones que no podía ignorar y que me cambiaron la vida.

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