Las mujeres que no valen nada y los hombres que las crean

woman-magazine-trash1¿Cómo expresar este concepto que, pese a llevar semanas dándole vueltas y tras múltiples intentos de escribirlo, solo puedo intentar comprender? Un concepto que siento yo mismo, pero me cuesta ordenarlo en pensamientos coherentes. Un concepto en el que creo, y sin embargo es difícil presuponer que yo crea en él.

Sinceramente, no sé. Pero lo voy a intentar. Por mi propio bien, y nada más. Este mi octavo y último intento de construir este texto, y sigo sin estar convencido de haber articulado bien lo que creo que es necesario que diga hoy.

Pero es necesario decir unas palabras contundentes. Por favor, escúchenme hasta el final. No puedo prometerles que vayan a estar de acuerdo conmigo, pero se verán obligados a reflexionar sobre aspectos importantes. Aspectos que a algunos les parecerán imposibles, utópicos o antinaturales. Aspectos que a algunos los harán enojar. Pero, por favor. Lean hasta el final. Creo que la mayor parte de ustedes estará de acuerdo con lo que tengo que decir. La mayor parte compartirá la visión de este mensaje. Y esa visión dará vida al debate. Ese debate dará vida al deseo. Y ese deseo dará vida al principio del cambio.

O al menos, eso es lo que espero, sinceramente.

Porque tenemos un problema.

Las mujeres son feas.

Las mujeres son gordas.

Las mujeres son malas madres. Las mujeres son malas esposas. Las mujeres son malas hijas.

Las mujeres cocinan de pena. Las mujeres no mantienen sus casas lo suficientemente limpias.

Las mujeres tienen demasiada celulitis en los muslos. Tienen vientres demasiado flácidos. Tienen la parte de abajo del brazo demasiado fofa.

Las mujeres cantan fatal. Las mujeres bailan fatal. Las mujeres hablan fatal en público.

Las mujeres son tontas. Las mujeres son unas atolondradas.

Las mujeres son débiles. Las mujeres no tienen fuerza. Las mujeres son indefensas.

Las mujeres no visten lo suficientemente bien. Las mujeres no tienen complexiones lo suficientemente claras. Las mujeres tienen demasiadas pecas.

Las mujeres no tienen los labios lo suficientemente carnosos. Las mujeres no tienen la piel lo suficientemente suave.

Las mujeres son demasiado dominantes. Las mujeres son demasiado pasivas.

Las mujeres son demasiado malas. Las mujeres son demasiado buenas. Las mujeres no son más que floreros.

Las mujeres no son lo suficientemente buenas. Las mujeres nunca serán lo suficientemente buenas.

Las mujeres, hablando en plata, no valen nada.

Sí, son todas esas cosas. Siempre y cuando me crea las palabras que salen constantemente de los sus propios labios (cosa que no hago). Estas son sus palabras. Las he oído afirmarlas una vez. Y otra vez. Y otra vez. Me las han dicho a mí, a otros hombres, a otras mujeres, y solo puedo suponer que también a sus mascotas y plantas.

No valer nada. Vaya concepto. No tener ningún valor. Ser menos deseable que una lata llena de barro. ¿Es una maldita broma? Todas, todas las frases de esta lista, incluido el comentario de no valer nada, son afirmaciones que me ha dicho como mínimo una mujer, por el motivo que fuera. Me apuesto algo a que no hay ninguna frase ahí arriba que no hayamos oído todos al menos una vez, probablemente cientos de miles de veces. ¿Qué motivo hay para que esos pensamientos tan horribles y denigrantes se desprendan de los labios de ninguna mujer?

Lo que más me duele es que la mayor parte de estas cosas me las han dicho más mujeres de las que podría ponerme a enumerar.

Vamos a ser realistas por un momento, chicas. ¿Cuántas de estas frases han dicho o pensado ustedes mismas? Sean sinceras. Repasen la lista, una por una, y reconozcan esa cifra. Siento curiosidad, de verdad. Siento náuseas, también. ¿Cuántas de las frases han dicho o pensado simplemente desde que se levantaron esta mañana?

(Suspiro). Estoy molesto, pero no estoy enojado con ustedes, realmente. Solo estoy frustrado. Solo estoy triste. Entiendo el motivo por el que se les escapan estas frases hirientes de los labios. Entiendo el motivo por el que realmente creen todas esas cosas. Entiendo el motivo por el que se sienten así. Y eso es lo que realmente me parte el corazón.

Por eso, mi mensaje de hoy no va dirigido a ustedes. Va dirigido a los hombres de este mundo.

Chicos… la culpa es de ustedes. La culpa la tenemos nosotros.

Y, honestamente, creo que debe ser un hombre quien apunte con el dedo y dé comienzo a un diálogo que a lo mejor podría arreglar este problema.

Le pido a Dios que todas las personas que lean esto se lo reenvíen a todos los hombres que conozcan, y que aunque sea una fracción de esos hombres se tome el tiempo de leer lo que voy a decirles, porque es hora de que los hombres de este planeta cambien las cosas. Es hora de que hagamos una firme declaración en contra de todo cuanto nos han enseñado. Es hora de ir a contracorriente por el bien de nuestras valiosas y fantásticas homólogas.

Se lo pido en serio, hombres. ¿Acaso no somos conscientes de lo que hemos hecho a las mujeres del mundo? ¿Acaso no somos capaces de ver las atrocidades que hemos cometido?

Hemos destrozado la auténtica belleza de las mujeres…

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