Los adolescentes que no valen nada y los padres que los crean

Este es un email que recibí hace poco.

teenager«querido dan, tengo 16 años y me preguntaba si podrias ayudarme a saber que hacer, porque he llegado al punto de odiarme a mí misma y a todos y siento que no hay esperanza y pensaba que a lo mejor puedes darme algunos consejos porque se te dan bien esas cosas.  mi madre se pasa el día gritandome y ella y mi padre no me quieren y no entiendo por que si yo intento hacer todo lo que pueda y no soy mala chica pero siempre me dicen que lo soy incluso mi madre hoy ha dicho que soy uno de los mayores errores de dios porque me he dormido tire el despertador y perdi el autobús. mi padre nunca me pega pero siempre me llama idiota o retrasada y cosas de esas. pero bueno en la escuela la verdad es que no tengo demasiados amigos supongo que porque soy demasiado tímida. no se que hacer porque es que quiero tirar la toalla ya porque para que voy a intentarlo? Alguna vez has sentido que a nadie le importaria si desapareces? porque yo de verdad me siento asi hasta con mis padres.»

Era más largo, pero se hacen una idea.

Lo recibí hace una semana. Lloré. Fue un momento de esos en que una gota colma el vaso.

En días así odio abrir mi bandeja de entrada. Esos días en los que hay monstruosidades acechándome que me llenan de odio o tristeza. He recibido al menos treinta o cuarenta emails como este a lo largo de los últimos siete meses. Todos de adolescentes. Todos de adolescentes rotos, tristes,  que están sufriendo. Se me debilita un poco más el corazón con cada uno de ellos. A decir verdad, siempre que los recibo me siento perdido. Es decir, ¿qué puedo hacer yo para ofrecer palabras alentadoras en respuesta mientras me siento fuera del campo y no soy más que un animador inútil para los heridos, los que están sangrando?

(Suspiro). La entrada de hoy se ha hecho esperar mucho tiempo, llega con gran retraso, y probablemente sea una de las más difíciles que he escrito, por muchas razones, la mayoría personales, aunque algunas resultarán evidentes a medida que vayan leyendo.

Disculpen la cólera que hay en mi voz hoy. Siento la necesidad de que se digan algunas cosas bastante fuertes, y reconozco que escribí esta entrada mientras estaba sumido en una gran ira por un montón de cosas que estaban ocurriendo. Rezo por que pueda decir al menos unas palabras que consigan que estos padres que no dejan de quebrar  a sus hijos adolescentes se paren a pensar un maldito momento. Porque tenemos un problema.

Los adolescentes son idiotas.

Los adolescentes no tienen cuidado.

Los adolescentes son estúpidos.

Los adolescentes son imprudentes.

Los adolescentes son menos que bellos.

Los adolescentes no se preocupan lo suficiente de las cosas importantes.

Los adolescentes se preocupan demasiado por las cosas que no importan.

Los adolescentes son inconscientes.

Los adolescentes son desconsiderados.

Los adolescentes son groseros.

Los adolescentes no se esfuerzan suficiente.

Los adolescentes no saben ordenar sus prioridades.

Los adolescentes pasan demasiado tiempo pensando en el amor.

Los adolescentes no dedican el tiempo que deberían a pensar en la escuela.

A los adolescentes les encanta ser descarados y responder a sus padres.

A los adolescentes les encanta discutir.

Los adolescentes no se cuidan.

Los adolescentes son rajones.

Los adolescentes son perezosos.

Los adolescentes no pasan suficiente tiempo con sus familias.

Los adolescentes pasan demasiado tiempo con las personas menos adecuadas.

Los adolescentes son hormonas con patas.

Los adolescentes siempre están a un error de arruinarse la vida.

Los adolescentes siempre están a una mala decisión de ser padres prematuros.

Los adolescentes siempre están a una mala decisión de una vida destrozada por las drogas o el alcohol.

Los adolescentes no les importa de verdad la religión.

Los adolescentes en realidad no les importa nada la espiritualidad.

A los adolescentes no les importa lo que piensen sus padres.

Los adolescentes no quieren hablar con sus padres.

Los adolescentes se cierran en sí mismo. Son distantes. Son indiferentes.

Los adolescentes, hablando en plata, no valen nada.

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