Los hombres que no valen nada y las mujeres que los crean

worthless-menAl igual que en la entrada de Las Mujeres que no valen nada, creo que hoy se hace necesario decir unas palabras contundentes. Voy a intentar que la entrada de hoy sea «menos larga». Espero que al llegar al final, el mensaje tome forma y estas palabras hagan tanto a los hombres como a las mujeres que lo lean tomar perspectiva y al menos pensar en unas cuantas cosas.

Porque tenemos un problema.

Los hombres son pésimos esposos.

Los hombres son unos atolondrados. Los hombres son estúpidos. Los hombres no son capaces de elegir bien.

Los hombres no son buenos en sus religiones. Los hombres no son buenos en su vida espiritual. Los hombres no tienen una fe lo suficientemente fuerte.

Los hombres son espantosos cocineros. Los hombres no ayudan lo suficiente en casa.

Los hombres son descuidados.

Los hombres trabajan demasiado. Los hombres no trabajan lo suficiente.

Los hombres no traen suficientes ingresos. Los hombres no mantienen a sus familias como es debido. Los hombres no lo dan todo por el bienestar de su familia.

Los hombres no tienen suficiente ambición.

Los hombres solo se preocupan por el sexo. Tienen apetitos sexuales demasiado fuertes o demasiado débiles. Están demasiado preocupados por cómo de grandes son sus penes. Tienen poquísima ternura y preocupación por sus compañeras del otro sexo.

Los hombres no aprecian a las mujeres lo suficiente. Los hombres no quieren a sus mujeres lo suficiente. Los hombres no ven a las mujeres lo suficientemente bonitas.

Los hombres son insensibles. Los hombres no lloran lo suficiente. Los hombres se comportan demasiado como machos.

Los hombres también son demasiado nenazas. Son demasiado niñas. No son lo suficientemente masculinos.

Los hombres son pésimos padres.

Los hombres no juegan lo suficiente con sus hijos. No pasan suficiente tiempo con sus hijos. El tiempo que pasan con ellos no es lo suficientemente bueno.

Al mismo tiempo, los hombres también prestan demasiada atención a sus hijos y demasiado poca a sus amantes.

Los hombres no tienen sentimientos. Los hombres son malos. Los hombres son ruines.

Los hombres son malos vecinos. Los hombres son malos con su familia política.

Los hombres no son lo suficientemente listos para tomar decisiones importantes. Los hombres no se preocupan lo bastante para entender.

Los hombres, hablando en plata, no valen nada.

Al menos, eso es lo que las mujeres dicen constantemente a los hombres. Todo lo que hay en esta lista nos lo ha dicho alguna mujer en algún sitio a mí o a un varón amigo o familiar mío,

Hoy escribo desde la frustración, y pido disculpas por ello. Saben, he comprendido (y recordado ahora mismo, durante una conversación telefónica) que a menudo las mujeres no tienen problemas para afirmar todo cuanto quieren que sus hombres sean, y después asegurarse de que nunca se haga realidad.

Chicas, repasen la lista de arriba y sean sinceras, igual que lo fueron en la entrada de Las mujeres que no valen nada. ¿Cuántas de estas cosas han pensado sobre los hombres o han dicho a un hombre al que quieren? Hombres, ustedes también sean sinceros. ¿Cuántas de esas cosas creen que son ciertas para ustedes? ¿Cuántas de esas cosas les han dicho personalmente? ¿Cuántas de esas cosas han visto ser una carga pesada sobre otros hombres?

Me atrevería a apostar que cerca del cien por cien. Es un problema grave, con una causa complicada. Cuando los medios de comunicación atontan o dejan en ridículo a los hombres, ¿cómo no va a ser un problema? Canaleen en el televisor durante una hora, verán cómo se afirman al menos la mitad de esas cosas sobre los hombres en la industria del entretenimiento y los medios de comunicación.

¿Por qué? Porque se acepta. Por alguna maldita razón, se acepta. Y, en muchos casos, se acepta porque alguien ha declarado que es gracioso.

Una mujer puede vapular a su esposo tanto como quiera. Puede mofarse de él, ridiculizarlo, despreciarlo, y hacerlo sentir como un mojón gigantesco. Pero en el momento en que el hombre se lo devuelva, es un capullo… y todas sus amigas, hermanas, y hasta su madre se van a enterar.

Una mujer puede golpear a un hombre. Puede agredirlo físicamente. Puede empujarlo. Puede abofetearlo. Si no lo aguanta «como un hombre», se le llama… mujer. Chica. Nenaza. Qué irónico. Sin embargo, en el momento en que un hombre roce con un dedo a una mujer, se le acusa de maltratador.

Muchas mujeres leerán esto y pensarán: Yo no hago eso. Si es cierto, bien por ustedes. No obstante, a lo mejor deberían fijarse en lo que hacen durante los próximos días y ver con qué frecuencia participan en ello, aunque sea de formas más sutiles.

Observen con qué frecuencia hacen comentarios sarcásticos o mordaces sobre algo que acaba de hacer el hombre de su vida.

Observen con qué intención «juguetona» le pegan cuando dice algo «estúpido».

Observen con qué frecuencia le dicen que algo (cualquier cosa) que ha hecho no ha estado lo suficientemente bien.

Observen con qué frecuencia ponen los ojos en blanco porque no ha hecho algo exactamente como ustedes lo habrían hecho.

Observen con qué frecuencia el se cierra, gruñe, o responde con un comentario mordaz.

Saben, los hombres reaccionan a todas estas cosas de una forma muy diferente a la de las mujeres. Nos escondemos detrás de un papel de tipo duro. Lo dejamos pasar como si lo que se ha dicho no nos hubiera afectado. Fingimos que estamos por encima y no nos importa. Lo despachamos con unas risas.

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