Los padres de verdad no se van

single-dad-laughing-real-dads1(Suspiro). Hoy vengo con otra entrada de Un papá quejica.

Tengo que reconocer que estoy muy enojado ahora mismo por una conversación acalorada que acabo de tener, y no sé en qué otro sitio podría ventilar mi enfado. Seguro que hiero algunas sensibilidades al hacerlo. Me suele pasar. La verdad es que esta vez ni me importa. Los padres tienen que dejar de abandonar a sus hijos, y estoy harto de que esto no lo digan los hombres. Estoy cansado de que el mundo se ande de puntillas con los sentimientos de estos hombres. Estoy muy cansado de que la sociedad se comporte como si fuese una actitud «normal» o «de esperar». Estoy harto de que en los medios de comunicación se le reste importancia. Estoy harto de los emails y comentarios de una infinidad de madres a las que les cae el muerto encima. Sobre todo, estoy cansado de que los padres no se tomen en serio sus deberes y responsabilidades.

Por lo que yo he visto, hay tres tipos de padres que «abandonan» de forma voluntaria a sus hijos.

El primero se marcha, sin más. Hace la maleta, se aleja, y no quiere saber nada de su hijo o la madre de su hijo.

Este no es ni siquiera un hombre. Es un cobarde. Es un niñato cobarde e ignorante al que no le importan nada las personas cuya protección y cuidado se había asignado. Su egocentrismo y narcisismo lo convierten en uno de los seres humanos más egoístas del planeta. Es un rajón, un desertor, un debilucho.

Lamentablemente, nunca llegará a comprender del todo lo que dejó atrás. Sus propias explicaciones y motivos le impiden ver más allá de una vida de autojustificarse e intentos de olvidar su injusticia. Nunca sabrá los cientos de domingos para acurrucarse que podrían haber sido suyos. Nunca sabrá los cientos de dibujos coloridos que su hijo le habría dado a lo largo de los años, hechos por unas manitas llenas de amor, solo para él. Nunca se dará cuenta de que se perdió muchísimas excursiones al parque o al zoo. Nunca será consciente de las acampadas, expediciones de pesca y partidos de fútbol que sin duda lo habrían llenado de felicidad. Nunca se dará cuenta de que su incapacidad para dejar de pensar en sí mismo lo ha hecho abandonar los cuentos de antes de dormir, las tortitas del desayuno, las excursiones en bicicleta, y el momento de arropar a su hijo.

Y, lo más triste de todo, nunca será consciente de que dejó atrás a una personita que lo habría visto como su héroe. Nunca sabrá que dejó atrás a un niño que habría confiado en él, lo habría querido más de lo que ninguna otra persona podría quererlo sensatamente. Y tampoco sabrá nunca que abandonó a un hijo que habría hecho lo que fuera por ser como él. Por ser como su papi.

Nunca entenderá ni asumirá la responsabilidad del enorme vacío que nunca se podrá coser en el corazón de su hijo. Nunca entenderá la ira y las lágrimas que vivirá su hijo cuando intente comprender que su padre desapareciera, sin ninguna explicación lógica. Tampoco entenderá nunca lo difícil que va a ser la vida de su hijo a causa de su ausencia.

No, los padres nunca son conscientes de nada de eso, ni lo entienden ni lo conciben. No pueden. No se puede echar de menos lo que no sabes que te perdiste.

A lo mejor hago mal, pero no tengo cariño, ni capacidad para entender, a este tipo de padres. No tengo compasión para ellos. Intentando con todas mis fuerzas desentrañar su decisión, solo he llegado a la cólera.

Pero existe otro tipo de padre que se va. Este padre se va disimuladamente. Trabaja para que parezca que no se ha ido en absoluto. Como el primer hombre, se justifica y se esconde detrás de sus motivos. Hace acto de presencia el tiempo justo para que le salga bien el ardid, y se va a dormir cada noche sintiéndose bien consigo mismo y con el padre que cree que es. Este segundo tipo es el papá divorciado que eligen no ser más que un papá de fin de semana o de vacaciones de verano.

No puedo entender a los padres que hacen esto. No entiendo como pueden sentirse bien con sus decisiones, y no entiendo como pueden sentirse bien ofreciendo una cantidad de tiempo tan insignificante para el apoyo a sus hijos.

Un padre así esta satisfecho con ser papá algunos fines de semana y un par de semanas en verano. Está satisfecho pasando un tiempo ínfimo y limitado con su hijo.  Está satisfecho dejando que la madre de su hijo lleve a cabo la mayor parte de su educación, y generalmente le parece bien ver cómo otro hombre entra en escena y se convierte en la principal figura paterna para sus propios hijos.

No lucha por estar siempre con o cerca de su hijo. No lucha por ser un papá de verdad para su hijo. En realidad no lucha nada. Aunque probablemente diga que sí. Probablemente derroche numerosas horas contando a sus conocidos que sí ha luchado y sigue haciendo todo lo que puede por su hijo. Probablemente haya descrito una situación tan bonita que hasta él mismo se la haya empezado a creer.

Muchos de estos padres se esconden tras llamadas de teléfono y mensajes de texto a sus hijos. Creen que hacer acto de presencia de cuando en cuando es suficiente para figurar como «presentes». Se mienten a sí mismos, mienten a los demás, y mienten a sus hijos.

Muchos de estos papás caben en la etiqueta de Papás de Disneyland. Es tan poco frecuente que estén con sus hijos que, cuando lo hacen, todo es diversión y parranda. Estos papás nunca crían a sus hijos. Un papá así se convence a sí mismo de que mientras su hija esté mimada y feliz cuando se vaya, él está siendo un buen papá. Está cumpliendo con su deber. A fin de cuentas, su hija lo quiere…

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